Nuestra historia

Me llamo Noé y, bajo el Proyecto de Flor de Edeta, cultivo naranjas y mandarinas en Valencia, en los mismos campos donde mi familia lleva trabajando desde hace décadas.
Crecí viendo cómo se cuidaban los árboles uno a uno, cómo se respetaban los ritmos de la tierra y cómo cada cosecha era distinta. No había prisas, ni atajos: solo tiempo, experiencia y paciencia.
Hoy la fruta viaja miles de kilómetros, se recolecta verde, sin sabor, y los productores son cada vez más mayores y cobran menos por su trabajo. Y ahí entendí algo: si no promovemos los jóvenes, esa forma de cultivar se perderá.
